Quién podría no dejar de volver a meditar sobre lo vivido aquella triste mañana del 10-F en el arco de ingreso a nuestra ciudad, lugar que se convertiría en una batalla campal entre catamarqueños de civil, hombres uniformados de la Infantería de la Provincia y trabajadores del transporte de camiones que llevaban insumos ha emprendimientos mineros.
Primero el desafío de mujeres, varones, niños, adolescentes y abuelos, que sentados en medio de la ruta Nacional Nº 60, se sumaban a la postura que venían sosteniendo los Asambleístas en defensa de los proclamados derechos sobre el agua, el ambiente y la salud de la población, ante el inminente paso de camiones de empresas mineras, que lo hacían varados desde hacía varios días en territorio Tinogasteño, por el reclamando que Minería a Cielo Abierto en Tinogasta ¡No!.
Luego el avance de la Policía de Infantería de Catamarca, a empujones, a los pocos minutos y ante la resistencia de la gente, la brusquedad se convirtió en puntapiés, arrastrones desde cualquier parte del cuerpo, así el desalojo se produciría de cualquier manera sobre los tinogasteños que se animaron a ponerse como un paredón humano y que de a poco eran más y más, por lo que ante ello los uniformados arremetieron con el aval ordenado por la Justicia y en concordancia con la determinación política del Gobierno democrático actual.