Por Darío Moreno
Hace cinco años la pregunta era “¿quieren los Tinogasteños una mina de extracción de uranio a cielo abierto a diez kilómetros de la población?”, “¿quiere, en realidad alguna persona en su sano juicio, una explotación minera de este tipo a diez kilómetros de su casa, o de la casa de sus hijos o padres, a diez quilómetros de las escuelas y la plaza?”, la respuesta era casi obvia, o era totalmente obvia, “NO”, esa era la respuesta y lo es ahora. Esa locura, esa deshumanidad, esa perversa forma de poner los intereses económicos por sobre la vida de las comunidades, se evidenciaba detrás de lo descabellado de este proyecto.